La Competición de los Dioses

Poco después de que los humanos caminaran por el mundo, los dioses decidieron ver quién era capaz de crear el ser más hermoso de Ceneria. Thánatos, que no estaba interesado en participar, fue elegido juez, teniendo todos confianza en su neutralidad.

Gibil creó el fénix, un ave de fuego que, si moría, volvía a renacer de sus cenizas. El fénix partió libre y voló sobre Ceneria, dejando el trazo de una estela de fuego en el cielo. Su visión era de una belleza incomparable. Debido a su gran poder dejó un rastro de llamas que se extendió por varios continentes erradicando la vida a su paso. La planta Daunia, la planta original de Ceneria, fue quemada y desapareció de Ceneria. Por el daño que había provocado y por quemar a Daunia, el fénix fue encerrado en una profunda caverna llena de un agua mágica que apaga al fénix al momento de resurgir de sus cenizas: y ahí sigue, en un proceso eterno en que sus llamas se apagan y reviven.

Nanshe creó una bestia que, a sus ojos, era perfecta. Era un caballo negro como la más profunda oscuridad; todo él, incluido sus ojos, eran negros. Su belleza era incuestionable. Este ser se alimentaba de las pesadillas de los seres humanos viajando entre sus sueños. Pero carecía de control y terminó llenando de pesadillas los sueños de las personas, ávido por saciar su infinito hambre. Esta criatura, que se llamó pesadilla, consiguió ser domada por Namier.

Manat creó un monstruo con miles de ojos, capaz de ver el pasado, el presente y el futuro, lo creado y lo que está por crear. Fue llamado el contemplador. Tan vasta eran su visión y su comprensión que al hablar sus frases apenas tenían coherencia, invadido por imágenes mezcladas del pasado, el presente y el futuro, y todos los que hablaban con él huían aterrorizados al escuchar sus comentarios sobre cómo sería su muerte, o algún hecho doloroso del pasado, o simplemente prediciendo algún suceso horrible que podía acaecer. Creó guerras y muerte a su paso haciéndose pasar por un fiel consejero o manipulando a los reyes, hasta que los dioses lo castigaron y lo encerraron.

Ogmio creó los gigantes a su imagen y semejanza. Y entre ellos estaban los cíclopes. Los gigantes eran perfectos en su cuerpo, extremadamente hermosos e inteligentes. Pero su poder era demasiado grande y crearon el caos a su paso, esclavizando pueblos y haciendo cuanto querían. Los dioses les castigaron convirtiéndoles en las montañas que ahora habitan la faz de Ceneria. Sólo los cíclopes fueron perdonados, ya que son fieles seguidores de la verdad y su único ojo representa la visión de esta verdad única.

Alleta y Assabin, como hermanos que eran, crearon dos seres similares: el de Alleta era grande y vasto, un círculo perfecto que brillaba como la plata; el de Assabin brillaba como el fuego, era majestuoso y llenaba de luz todo aquello en que posaba su mirada. Le llamaron la luna y el sol.

Finalmente Thánatos dio su veredicto:

"Todas vuestras creaciones, aun siendo hermosas, han llevado la destrucción y el caos a Ceneria; todas, menos las de Alleta y Assabin, que los propios humanos han considerado hermosísimas. Declaro a ambos hermanos vencedores y, como premio, de ahora en adelante todos podrán siempre contemplar la belleza de sus creaciones en el cielo, mientras ambas se alternan en la bóveda celeste y se siguen la una a la otra en un infinito baile."

Y así el sol y la luna habitan el cielo, y siempre están ahí para quien desee contemplarlas.